domingo, 19 de diciembre de 2010

26


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Alex voló un invierno. Se marchó machacado por el frío y con el corazón amoratado. Diríase que tomó una decisión precipitada, pero llevaba tanto tiempo sabiendo que de un momento a otro necesitaría desprenderse de las ataduras que, al llegar la sentencia, ningunx de nosotrxs se alarmó demasiado. Ni siquiera pareció sorprender a Carlota, la canija, que con sus entonces ocho años encajaba los golpes con más valentía que su madre y con menos orgullo que su padre.
El otro día, fui a buscarla a la salida del colegio a petición de su madre, que me contó que des de hacía muchos días preguntaba por mí. Se puso muy contenta al verme y yo también de verla a ella, y entonces me sentí culpable por no haberle dedicado más tardes de merienda y más mañanas de domingo.
Aquella tarde la ayudé con los deberes y después me ofreció un particular concierto de música clásica, preguntando tímidamente primero si me apetecía escucharla. Acepté sonriéndole y la observé con ternura mientras colocaba el violín bajo su barbilla de niña. Las notas afligidas empezaron a sonar y a mezclarse, entrediciendo salvajes certezas, vibrantes pasiones,  crudas evocaciones a la vida vivida.

La pequeña cerraba los ojos moviendo el arco con convicción sobre las cuerdas, tan sensata e impulsiva como su hermano. La música me mecía en su melodía perenne e inquebrantable, segura, limpia y sincera como las tardes de sol, de sal y de risas. Pegadiza como la arena entre los dedos, apetecible como la piel bronceada, sabrosa como los labios secos de brisa...
De pronto, la música se calló y los vidriosos ojos de Carlota se chocaron llanamente con los míos.
"No ploris, tonta"

sábado, 11 de diciembre de 2010

25

Pienso que me sería bueno volver a escribir[te], entre otras cosas por eso de que el vómito baldea el buche, pero últimamente parece que las sílabas solo se mezclan para crear frases inconexas.

Por otro lado y de modo más positivo, estas últimas semanas vuelvo a recrear fotografías y dibujos en algún destartalado lugar de mi cerebro. Pese a la falta de inspiración, conseguir alternar personajes y construir situaciones nuevas, constituye, para mí, un gran avance. Otra cosa es que la pereza me consuma y yo solita me ahogue ante la ansiedad de volver a coger aire y carrerilla. Es así: me produce terror la más mínima posibilidad de llegar al filtro de la conformidad, de la acomodada vida moderna. No quiero deslumbrarme ante esa válvula escapista, no quiero ceder de nuevo a la flagelación que suponen las fotografías de antaño.

Puede que ese sea el intrínseco motivo por el cual no llevo la cámara encima como solía hacer, que sea esa la razón por la que abro menos la libreta de notas y bocetos, o que ese sea el verdadero origen de mi tardía pasión por la música inglesa. Todos estos pensamientos me abruman. ¿Será la fuerza del co.razón y la razón tan instintivamente protectora en el momento de generar escudos des de lo más profundo del inconsciente?

Puede que así sea y que en el fondo exista una llamita cálida e intensa que desea con todas sus fuerzas autoconvencerme de que, con un poco más de tiempo y ganas, van a volverse otra vez los dibujos de colores.


En todo caso, me gustaría hacer una mención especial a Galeano, por lo curioso y agradable que resulta que un desconocido tan conocido te abrace a millares de quilómetros.

miércoles, 13 de octubre de 2010

24

Empezar de nuevo, prescindir de. Sorbetear la vida, son.reír a bocados y masticar lento para saborear cada instante que pueda florecer. Ahogarse y aprender a nadar y así poder salir a flote. Ahogarse en una copa de más. Reír, soñar, volar, burlar a cualquier pesadilla y sentir sin.sentido (y sin miedo). Bailar a lo loco, amar locamente, rozar la locura y vivir, vivir, VIVIR.

Y coleccionar el mayor número de momentos felices.

lunes, 12 de julio de 2010

23


Sólo vivir.

lunes, 7 de junio de 2010

22


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No tengo ganas. No sé porqué, pero ha llegado un punto en el que me cuesta. Quiero pensar que aquí dentro existe una depuradora regeneradora de recuerdos, de desvelos, de añoranzas.. Alguna mierda que transforme en menos mierda cualquier quebradura de mente. No solo las del corazón, sino las de cualquier vida monótona.
Por ejemplo, la de aquel que se siente desamparado entre las cuatro paredes que constituyen un hogar (ese fantástico sitio donde todo puede salir mal) y escucha a Serrat. Qué sé yo. Por ejemplo La tieta. Un hombre de más de medio siglo que entorpecido y abrumado por el paso de los días, de la letra y la melodía empieza a recordar como una película antigua [en sepia, alto contraste y motas de polvo] lo que en un día fue.
Hablo en todos los sentidos. Hablo des de la locura. Y se ve turbado en un rincón, ante los palcos, mirando a una muchacha de piel pálida y oscuros cabellos. Por un momento puede inventar una revolución salvaje en un baile de gala, ciento-ochenta grados de la mano de una desconocida. Pero el gallito pierde cualquier valor cuando sus ojos miel se entorpecen con su verde oliva. Hablo del pensamiento secreto, del pecado prohibido, del amor sin freno. Más o menos de ese tiempo en que empieza la pendiente de una montaña rusa, del vértigo que produce la felicidad re-concentrada en los estímulos [no solo del cuerpo, sino del alma] y en que se produce una contradicción entre lo efímero, lo salvaje y lo vertiginoso. El tiempo de descubrir el tacto, el olor, la risa. De percibir la melodía, la saliva, el color de las mejillas, el sudor, el clima, la sed, la sobrecarga de descargas electrosentimentalistas.
Resumiendo: el paso del tiempo siempre al ritmo atropellado de la velocidad descomedida. Y del dolor, de los trescientos sesenta grados de dolor que genera un recuerdo. He dicho trescientos? Más. Treintamil giros, porque el amor perdura en el tiempo incluso cuando la vida termina. Incluso así.

jueves, 1 de abril de 2010

21

Siempre que me da por escribir me escuece el corazón. Quisiera no referirte a base de indirectas, quisiera coserme a júbilos y regocijos sin fecha de caducidad. Agarr.arte sin causarte daño alguno, sacudirte con mi ilusión. Conmoverte de ese modo en que las risotadas despreocupadas de un crío podrían hacerlo, sin causar ansiedades, solo unos pocos miedos, por si un día nos perdemos y estos deben renacer, para abrazarnos con más fuerza intangible, con más ganas imponderables.

No sé describirte escribiendo. Son tantas las contradicciones que me abruman y que me coartan... Estás ahí, presente e intocable. Lejano, a unas pocas verdades de distancia. Estás ahí. Lo sé, me doy cuenta. Y no me atrevo, no me atrevo a respirar este aire tan contaminado. Sírveme de escudo y convénceme de la posibilidad de rebozarme(-nos) en azúcar. Otra vez. Una vez más. Y otra, y otra. Y no le pongas fin ni ninguna definición estricta que me colapse.

Más de una vez me hago conocedora de mi locura, de mi caos contradictorio de emociones subliminales machacadas al resquicio de una puerta. Una entrada que no conoces, que ni siquiera sé más que percibir. Ven a contarme qué tal, ven a masacrarme con habladurías de amor. Lo estoy deseando. Estoy deseando que desdibujes los límites, que abras las barreras a golpes de ternura.

Resolviendo cualquier ecuación desequilibrada.

miércoles, 24 de marzo de 2010

20

Los armarios estan llenos de galletas.
He pensado que era una buena manera de materializar la añoranza que siento.

domingo, 7 de marzo de 2010

19

Destruye los cánones.


Vuestros cuerpos perfectos eliminan cada uno de los signos distintivos que nos convertían en únicxs y diferentes. Nos agreden, nos enferman, nos convierten en entes sin personalidad y sin autoestima. Nos obsesionan, nos anulan, nos transforman en fotocopias. Nos hunden, nos torturan, nos invaden y nos caducan como personas capaces de libre-pensar y libre-actuar, promueven el autorrechazo y las enfermedades físicas y psíquicas.

Pero ya basta, a nuestros cuerpos y a nuestras mentes no se les elimina, ni se les comercia, ni se les liquida, ni se les aliena, ni se les perturba, ni se les agrede, ni se les enferma, ni se les obsesiona, ni se les domina. Nuestras mentes no se anulan, ni se cancelan, ni se suprimen, ni se borran, ni se reducen, ni se inhabilitan, ni se rompen, ni se quebrantan, ni se desautorizan, ni se disuelven, ni se ahogan, ni se extirpan.

Ya basta de destruir y oprimir nuestros cuerpos.